Mayo Clinic explica cómo se desarrolla la vacuna en la lucha contra la COVID-19

    Una vacuna para prevenir la COVID-19 es, probablemente, la mayor esperanza para terminar con la pandemia. Actualmente, no existe una vacuna para prevenir la infección del virus COVID-19, pero los investigadores, entre ellos los médicos y los científicos de Mayo Clinic, están haciendo su mejor esfuerzo por crear una.

    Investigación sobre la vacuna contra el coronavirus

    Los coronavirus pertenecen a una familia de virus que causan enfermedades tales como el resfriado común, el síndrome respiratorio agudo grave y el síndrome respiratorio de Oriente Medio. La COVID-19 es causada por un virus que está estrechamente relacionado con aquel que causa el síndrome respiratorio agudo grave. Por este motivo, los científicos llaman al nuevo virus SARS-CoV-2.

    Si bien el desarrollo de una vacuna puede tardar años, los investigadores no iniciaron de cero en lo que respecta al desarrollo de la vacuna contra la COVID-19. Investigaciones anteriores sobre las vacunas contra el síndrome respiratorio agudo grave y el síndrome respiratorio de Oriente Medio identificaron posibles enfoques.

    Los coronavirus tienen una estructura tipo espiga en su superficie, llamada proteína S. (Las espigas generan la apariencia de corona que le da el nombre a los virus). La proteína S se adhiere a la superficie de las células humanas. Una vacuna que atacase esta proteína evitaría que esta se uniera con las células humanas y el virus no podría reproducirse.

    Los desafíos de la vacuna contra el coronavirus

    Las investigaciones anteriores sobre las vacunas contra los coronavirus también identificaron ciertos desafíos al momento de desarrollar una vacuna contra la COVID-19, por ejemplo:

    • Garantizar la seguridad de la vacuna. Un gran número de vacunas contra el síndrome respiratorio agudo grave se ha probado en animales. La mayoría de las vacunas mejoró la capacidad de supervivencia de los animales pero no evitó la infección. Algunas vacunas también causaron complicaciones, como daño en los pulmones. Una vacuna contra la COVID-19 requerirá pruebas meticulosas para garantizar que sea segura para los seres humanos.
    • Brindar protección a largo plazo. Después de haber tenido algún tipo de coronavirus, es posible que, pasados algunos meses o años, la persona contraiga una nueva infección con el mismo virus, aunque esta es, con frecuencia, leve y solo le sucede a una fracción de la población. Una vacuna eficaz contra la COVID-19 deberá proteger a las personas contra la infección a largo plazo.
    • Proteger a las personas mayores. Las personas mayores de 50 años corren un mayor riesgo de contraer COVID-19 grave. Pero las personas mayores usualmente no responden a las vacunas tan bien como lo hacen las personas más jóvenes. Una vacuna ideal contra la COVID-19 funcionaría bien en este grupo de edad.
    Caminos para desarrollar y producir una vacuna contra la COVID-19

    Actualmente, las autoridades de la salud a nivel global y los desarrolladores de vacunas se están asociando para fomentar la tecnología necesaria para producir vacunas. Anteriormente, se han utilizado algunos enfoques para crear vacunas, pero otros son, aún, bastante nuevos.

    Vacunas con virus vivos atenuados

    Las vacunas con virus vivos atenuados utilizan una forma debilitada (atenuada) del germen que causa la enfermedad. Este tipo de vacuna genera una respuesta inmunitaria sin causar la enfermedad. El término atenuada significa que la capacidad de la vacuna para causar la enfermedad ha sido reducida.

    Las vacunas con virus vivos atenuados se utilizan para proteger contra el sarampión, las paperas, la rubéola, la viruela y la varicela. En consecuencia, las infraestructuras existentes están preparadas para desarrollar este tipo de vacunas.

    Sin embargo, las vacunas con virus vivos atenuados necesitan, por lo general, pruebas de seguridad exhaustivas. Algunos virus vivos pueden transmitirse a una persona que no esté inmunizada. Esto implica una preocupación para las personas que tienen un sistema inmunitario debilitado.

    Vacunas inactivadas

    Las vacunas inactivadas utilizan una versión muerta (inactiva) del germen que causa la enfermedad. Este tipo de vacuna genera una respuesta inmunitaria pero no causa la infección. Las vacunas inactivadas se utilizan para prevenir la gripe, la hepatitis A y la rabia.

    Sin embargo, las vacunas inactivadas podrían brindar una protección menor que la que brindan las vacunas con virus vivos atenuados. Este tipo de vacuna requiere, por lo general, la administración de múltiples dosis, seguidas de dosis de refuerzo, para brindar una inmunidad a largo plazo. La producción de este tipo de vacuna requeriría la manipulación de grandes cantidades del virus infeccioso.

    Vacunas modificadas genéticamente

    Este tipo de vacuna utiliza ARN o ADN genéticamente modificado cuyas instrucciones son las de generar copias de la proteína S. Estas copias generan una respuesta inmunitaria al virus. Con este enfoque no se necesita manipular ningún virus infeccioso. Si bien se está trabajando en las vacunas modificadas genéticamente, ninguna ha sido autorizada para que se use en seres humanos.

    Los tiempos de desarrollo de la vacuna

    El desarrollo de las vacunas puede demandar años. Esto es particularmente cierto cuando las vacunas involucran nuevas tecnologías cuya seguridad no se ha probado o no se han adaptado para la producción masiva.

    ¿Por qué demanda tanto tiempo? En primer lugar, una vacuna se prueba en animales para verificar si funciona y si es segura. Esta prueba debe cumplimentar pautas de laboratorio estrictas y, generalmente, demanda entre tres y seis meses. La fabricación de vacunas también debe cumplimentar prácticas de seguridad y calidad.

    Después, sigue la prueba en seres humanos. Los ensayos clínicos en fase I a pequeña escala evalúan la seguridad de la vacuna aplicada en seres humanos. Durante la fase II, se establece la formulación y las dosis de la vacuna para comprobar su efectividad. Finalmente, durante la fase III, la seguridad y la eficacia de la vacuna deben demostrarse en un grupo de personas más grande.

    Debido a la gravedad de la pandemia ocasionada por la COVID-19, los reguladores de vacunas podrían acelerar algunos de estos pasos. Pero es poco probable que la vacuna contra la COVID-19 esté disponible antes de los seis meses después del comienzo de los ensayos clínicos. De forma realista, se necesitarán entre 12 y 18 meses o más para desarrollar una vacuna y probarla en ensayos clínicos con seres humanos. Y aún no sabemos si es posible desarrollar una vacuna eficaz contra este virus.

    Si se aprueba una vacuna, se necesitará tiempo para producirla, distribuirla y administrarla a la población mundial. Dado que las personas no tienen inmunidad contra el virus de la COVID-19, es probable que la vacunación deba llevarse a cabo dos veces, con un intervalo de entre tres y cuatro semanas. Las personas comenzarían a generar inmunidad contra el virus de la COVID-19 entre una y dos semanas después de la segunda vacunación.

    Aún queda mucho trabajo por delante. No obstante, el número de empresas farmacéuticas, gobiernos y otras agencias que están trabajando en la vacuna contra la COVID-19 son una fuente de esperanza.

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